
Me siento entre la espada y la pared,
realmente siento el peso de mi cuerpo
deslizándose por el camino de la angustia,
pidiendo desesperadamente un auxilio inmediato.
No me veo de otra manera peor que la del presente,
estoy en la cornisa, sujetada de un cordón,
tratando de escalar para no dejarme caer.
Sé que siempre hay algo importante que hacer,
y sinceramente para mí, ya no lo hay.
No quiero ser mi propia destrucción,
pero sé que mi postura actual me conduce a eso.
Soy la mente descompuesta y en defunción,
el pensamiento totalmente descartable.
Soy la soledad andante,
la oscuridad del ambiente digno,
la espina que daña la epidermis,
las nubes negras del cielo,
el epicentro principal de cada caoz,
la guerra que destruye a la paz,
la penumbra de cada poesía.
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